Crítica: Y UN DÍA NICO SE FUE

Estuvimos en el Galpón de Guevara disfrutando de la anteúltima función del musical.

El amor se canta y se baila

Con todas las funciones a sala llena, los viernes y sábados el Galpón de Guevara es una fiesta. Las canciones pegadizas compuestas por Ale Sergi, la dirección de Ricky Pashkus, el guión de Osvaldo Bazán (autor del exitoso libro con el mismo título), la orquesta en vivo y las interpretaciones, hacen de Y un día Nico se fue un musical contemporáneo y que renueva las propuestas de la cartelera porteña. 

La obra recorre todas las etapas que vive una pareja, haciendo especial foco en las sensaciones que transita Osvaldo (Germán Tripel). Quienes son espectadores frecuentes de musicales, tuvieron múltiples oportunidades de disfrutar y aplaudir el talento de “Tripa”y esta no será una excepción, ya que realiza una destacada labor. Franco Masini (Nico), con sus primeros pasos en el género, lo acompaña bien y sorprende con su interpretación vocal.

Quien se destaca en su personaje es Silvana Tomé. Como confidente y consejera de Osvaldo, hace que Germán Tripel crezca en escena. Funcionando por momentos como hilo narrativo de la historia, sus apariciones y ocurrentes intervenciones son festejadas.

Completan el elenco: Juan José Marco, Josefina Barone, Sacha Bercovich, Melisa Sol Campagna, Federico Fedele, Juan Fonsalido, Lucas Gentili, Eugenia Gil Rodríguez, Alejandro Justiniano, Mica Romano, Lula Rosenthal, Pedro Vega,  Lali Vidal y Nahuel Quimey Villarreal. La orquesta está compuesta por Bruno Delucchi, Agustin Konsol, Martín Oviedo, Pablo Woloczkowicz, Sebastián Alvarez, Estefy Haag, Diego Goldszein, Emiliano Yelati y Martín López Grande.

Es interesante la propuesta de vestuario, a cargo de Pablo Battaglia, quien también se ocupa de la dirección de arte. Cada artista en escena se destaca no sólo por el talento, sino por su apariencia. El diseño de luces, con el sello de Ariel del Mastro, eleva la puesta a otro nivel.

Y un día Nico se fue rompe deliberadamente la cuarta pared. Con un escenario 360°, los actores hablan en distintas escenas al público presente (que va desde adolescentes hasta adultos), dejando de lado por un momento al personaje que interpretan. Estos segmentos en tono de comedia, generan risas y aplausos en la platea.

El espacio escénico es explotado al máximo, con dinamismo en las coreografías (de Juan José Marco) e inteligencia en las escenas de texto. La escenografía de Huberto Stemples se adapta y acompaña esta idea de manera orgánica.

La incorporación de invitados especiales en cada función, es un acierto. La diversidad de voces para el relato provocan un “recreo” interesante en la narración. El texto leído es, además, informativo/reflexivo, reforzando el mensaje principal de la obra sobre el amor.

En conclusión, Y un día Nico se fue es una propuesta que celebra el amor en todas sus formas, en un texto que mezcla la comedia y el drama con fragmentos musicales de manera interesante y moderna. Hoy es la última función en el Galpón de Guevara, pero anuncian regreso para el mes de julio, con una nueva temporada. 

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