Crítica: LOS VECINOS DE ARRIBA

Comedia sobre el amor y la sexualidad de dos parejas que viven en el mismo edificio.

Una cena inolvidable

En una comedia española, los cuatro actores que componen a las parejas vecinas, brillan. Acompañados por una gran escenografía y la dirección cronometrada y perfecta de Javier Daulte, Los vecinos de arriba mantiene las risas del público durante toda la función.

Las parejas demuestran una química ideal para contar esta historia que tiene sorpresas, risas e incluso drama. Una cena entre vecinos será el contexto para que muchas verdades salgan a la luz.

Diego Peretti es Julio, un padre de familia que no es muy sociable con sus vecinos y al que no le gusta recibir invitados en su departamento. Dejando claro una vez más que la comedia le calza perfecto, tiene intervenciones muy aplaudidas por los espectadores, que generan empatía instantánea con sus pensamientos.

Su pareja, Muriel Santa Ana, interpreta a Ana de manera sublime. Ella es una madre trabajadora, que no se detiene a pensar en qué necesita o qué desea. La cena con sus vecinos será el puntapié para un despertar que nunca imaginó.

Por otro lado, Rafael Ferro sorprende en la comedia. En la piel de Salva, su actuación es más que destacable. A su lado, Julieta Vallina (Laura) se luce como una psicóloga desprejuiciada, que cuenta y dice todo lo que siente y que no oculta nada. 

Los vecinos de arriba es una comedia pícara, divertida y que cumple con las expectativas del público.

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